Había una vez un niño muy travieso, llamado Nicolas. Todos los días iba a Balenciaga y cada seis meses hacía alguna travesura que hacía que todo el mundo hablase de él.
Recuerdo una vez que hizo que todos en el patio nos pusiéramos palestinos y mientras él se reía en una esquina, algunos ponían el grito en el cielo.
El pequeño Nicolas resultó ser un niño con talento, "el raro" del patio, sí. Pero un chico capaz de reflotar una marca como Balenciaga sin dejar de sorprender. Nicolas es moderno. Quizá no lleva el último modelo de chándal, pero en su cabeza se esconde el futuro que nadie ha sabido descifrar hasta ahora.
Pero un día llegaron unos señores muy malos de PPR que decidieron castigar a Nicolas y que ya no hiciera más travesuras en Balenciaga. Nadie sabía porqué, Nicolas era el mejor y, aparentemente, no había hecho ninguna de sus travesuras a esos señores tan malos.


Todos se preguntan qué hará Nicolas ahora, de momento no nos queda más que esperar un capítulo más de las aventuras de El pequeño Nicolas (Ghesquière). Aunque sea de otra editorial.
fotos : Style.com
Andaba rápido como siempre. Pero en ese momento se dio cuenta de porqué lo hacía. Sólo era una manera de intentar escapar de sus problemas, de sus inseguridades. Dar esquinazo a las palabras que no había querido escuchar. Pensaba que si andaba rápido llegaría al lugar que idealizaba como la solución a las preocupaciones. En ese lugar nada de eso existía aunque de momento sólo veía niebla.
¿Y si ese sitio sólo estaba en su cabeza?
"ven conmigo."
Ayer, en el desfile de Rabaneda.
"Disfrutar más de cada momento, vivir la vida más relajado para poder saborearla. Y si sabe a Prada, mejor."
A ver si me entero y asumo que ya no estoy en Nueva York. Que he vuelto al horno de Madrid y aquí me quedo hasta próximo aviso.
Ya no puedo ir a cualquier CVS o Duane Reade a comprarme cualquier guarrada para comer y beber té Arizona a cualquier hora. Aquí no hay Shake Shack.
Que ya no estoy en Meatpacking y no comparto vecindario con Olivier Theyskens y Julianne Moore.
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| Eso que llevo al hombro es mi ropa sucia, ¿vale? |
Que ya no lavo la ropa en una Laundry ni veo ratas en el metro.
Ya no bebo en vasos rojos ni cojo taxis amarillos.
Ya no puedo ir a fiestas en áticos con vistas al puente de Brooklyn y me tengo que conformar con la plaza de San Ildefonso. No voy a Le Bain ni subo las escaleras corriendo para tirarme en el césped artificial de la planta de arriba.
Ya no me junto con japonesas ni chinas, y tengo que controlar mis gestos de negra chunga.
Tampoco puedo tirarme en Central Park.
Ni paseo por el East River al atardecer.
Sólo me digo a mí mismo mientras hiperventilo "Get over it. You're not in New York anymore."
Y me lo digo en inglés porque yo lo valgo.





















